Lo real no importa…

Lo que en realidad nos sucede, en cada minuto de nuestra vida, no queda grabado (¿o sí?) y por tanto no es importante.

Sin embargo lo que ocurre en, lo que se ha dado en llamar, el plano virtual queda todo registrado, grabado, en ese inmenso repositorio en que se está convirtiendo “la nube” por la acción de las redes sociales en las que “casi” todos estamos participando.

Y eso que se registró, reflejando aquello que sucedió (¡o no sucedió!), es por tanto recuperable y por tanto… es importante.

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Y esto que digo, es cierto y cada vez se repite más y se repetirá más aún. Pero lo que importa es lo que se refleja en “ese” plano virtual.

Y los que no vivan (participen) en ese plano virtual … serán cada vez menos importantes…. o simplemente “no serán”.

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Hace unos días tuve ocasión de experimentar la sensación de impotencia de una situación real … de esas que no importan y que vienen a ilustrar eso que digo.

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Llegamos a la estación términal de ferrocarril con veinte minutos de antelación sobre la hora prevista de salida, las 18:22, y como es lógico, buscamos en el panel informativo nuestro tren identificado por su destino y la hora de salida, allí estaba indicado, todo correcto: andén 4.

¡Pero el andén 4 estaba desierto!

Raro que un tren que sale en quince minutos no esté ya listo para recibir a sus pasajeros. Volvemos al vestíbulo y remiramos los paneles, en esta ocasión también el de las llegadas. En rojo una observación indicando un retraso de más de una hora en el tren que debía haber llegado por la vía número 4 a las 17:35. Sospechoso…

Los viajeros y sus equipajes y acompañantes, entraban y salían de la zona de los andenes con iguales caras de extrañeza.

Unos minutos antes de la prevista hora de salida, sorprendentemente, la megafonía en la voz femenina de una amable grabación en español primero e inglés después, nos apremia a subir al tren que “en breve efectuará su salida…” informándonos adicionalmente de todas las paradas que efectuará en su recorrido.

Minutos después, a las 18:21 una nueva locución, esta vez más escueta, informa de la salida del tren… ¡nuestro tren! El andén número 4 sigue desierto, igual que cuando llegamos. ¿Habrá sido la salida del expreso de Hogwarts… y el andén, el 9 y 3/4 oculto a los muggles?

Y para mayor coherencia, ¡nuestro tren “desaparece” del panel de Salidas!

Todo normal. Ningún mensaje por megafonía, ninguna indicación en los paneles… sólo un montón de viajeros mirándose con cara de extrañeza.

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Por fin con más de una hora de retraso llegó el tren de las 17:35, que después de ser evacuado, debía -como pudimos observar- ser limpiado y recompuesto para prepararse para un nuevo viaje, nuestro viaje. Esto llevó más de media hora, durante la cual no hubo ninguna indicación al pasaje ni al público en general, ni megafonía ni paneles.

Curiosamente, nadie perdió la calma, para que luego digan del irritable carácter nacional, solo comentarios entre viajeros y alguna interpelación al escaso personal, que parecía estar avezado en la costumbre de deambular entre el público (sus clientes) como si no existieran.

Finalmente y sorprendentemente, por la intuición de unos y la imitación de los demás, todos subimos al convoy que -sin mediar indicación alguna, siquiera un silbato como antaño- arrancó sin más, e inició por fin el viaje.

Hasta aquí lo real, lo que pasó realmente, (¿mi realidad? como hablábamos antes). Es decir … “lo que no importa, lo que no es importante”.

Porque, en tanto esperábamos sin información alguna en el vestíbulo y los andenes de la estación, en el plano virtual, el que importa, la información fluía sin problema y “en tiempo real” (¡qué enorme paradoja: en tiempo real!).

Y es que durante la espera, dada la falta de indicaciones, echando mano del móvil, más de uno por medio de las redes sociales, twitter principalmente, preguntó y elevó su queja a la operadora ferroviaria. Y con sorpresa, ésta respondío en unos minutos y, de manera correcta y formal, dio razón de lo que sucedía y de las previsiones de solución e incluso pidió disculpas.

Y como colofón, instantes después de producirse la salida, vía SMS, muchos pasajeros fuimos informados del mismo evento, esto es, de la propia salida del tren que, por otra parte, estabamos “viviendo” en nuestra realidad de aquél mismo momento.

Finalmente, al día siguiente ya en el destino, vía web formulé mi reclamación por el prolongado retraso sufrido, y de inmediato me reembolsaron la mitad del coste de mi billete (que también adquirí telematicamente)

Y todo ello, lo virtual, es trazable y comprobable… Pero, lo que pasó, lo que realmente sucedió… ¡tendrás que creerme!

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Acerca de lagarto astuto

Inquieto e interesado en casi todo...
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2 respuestas a Lo real no importa…

  1. Antoni Vidale dijo:

    Virtualmente, renfe, no se retrasa, aunque la realidad se empeñe en contrariarla. Yo si te creo porque estás en las nubes.

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